lunes, 29 de agosto de 2011

Nueva York: una agradable sorpresa

por Miguel Ángel Arévalo Merino

Antes de empezar, animo a todos los que puedan, de aquí a años vista, a que se planteen la visita a Nueva York, yo estaba temeroso de este viaje, por las distancias y la "prensa" de los neoyorquinos, pero debo reconocer que esta ciudad trabaja muy bien el asunto turístico. Les pongo un ejemplo: el lema de los coches de la policía de la ciudad siempre reza "courtesy, professionalism, respect", siendo ésta una verdad comprobable. Las gentes de la ciudad, latinos, de origen irlandés, británicos, italianos, europeos en general, africanos, caribeños, asiáticos, más de 200.000 en China Town -que es otro mundo en Nueva York-..., siempre tienen una sonrisa para ti, nunca te niegan unas buenas indicaciones, un saludo cortés y una dedicación trabajada, te explican lo que haga falta, con todo lujo de detalles, con simpatía, realmente fantástico y sorprendente, responden con la misma cortesía en Manhattan, Queens, el Bronx, Harlem o Brooklyn, debo reconocer que las respuestas más solidarias las obtuve en Harlem, uno de los cinco "neighbourhoods" o barrios que configuran Nueva York como ciudad; de forma incidental, quizás sea el de Queens el que mayor similitud tenga, en cuanto a entorno, viviendas, edificaciones y estructura de ciudad con respecto al resto de los Estados Unidos.


Los neoyorquinos viven en una enorme urbe de 8 millones de almas, sus vidas no son fáciles
día a día, no lo fueron en momentos de la historia cercana y comprenden que realmente es importante vivir con alegría y simpatía, un diez para los neoyorquinos, enhorabuena.

Este mes de agosto teníamos preparado, desde hace ya mucho tiempo, años, un largo viaje que un poco sirviese para romper moldes, si es que así se puede decir, a lo que han venido siendo nuestros habituales viajes por Europa. Cada cual se busca sus propias aficiones, a algunos les gusta el tabaco, a otros la ropa, a incluso otros la comida en restaurantes y, en nuestro caso, VIAJAR. María del Mar y yo poco legado podremos dejar a nuestros hijos Alberto y Alejandro más allá de una educación y el gusto por mantener una actitud curiosa y de crecimiento personal a través de nuestra afición, muy compartida en casa, por viajar.

Debo reconocer que viajar en un Airbus 330 durante más de ocho horas nos daba algo más que respeto, no sólo por lo abultado del número de horas sino también por la diferencia horaria, más aún con hijos que, aunque acostumbrados a viajar, no lo están tanto a cambios horarios de tanta magnitud. Nuestra adaptación al horario norteamericano fue tan sorprendente como lo pudo ser el hecho de que los chavales aguantasen el largo viaje de forma auténticamente ejemplar, es admirable que estos chicos, nuestros hijos, se adapten tan extraordinariamente bien al hecho de ir metidos en un espacio reducido,
quietos parados, durante tantas horas, esa disciplina, esperamos, les irá aumentando con el paso de los años y conforme se hagan mayores, luego prometen ser buenos y abnegados viajeros. Ojalá así sea, sólo vivimos una vez, de viajar se aprende mucho, se aprende a vivir, se vive en definitiva.

Quiero agradecer a mis buenos amigos Jon Wayth, Manolo Cózar y Juanjo López el hecho de que durante tanto tiempo me hayan insistido para que dé el salto atlántico y no me quede en Reino Unido, sino que también entienda que en Estados Unidos hay muchas cosas que ver. Nueva York es absolutamente desbordante, una visita de esta ciudad requiere, al menos en nuestro caso, una muy exhaustiva organización logística -muchas horas de lectura de guías impresas e investigación online- para planificar tipos de visitas, distribución horaria, medios de transporte y, sobre todo, un estudio pormenorizado para minimizar gastos y, en definitiva, visitar lo más posible, gastando cuanto menos mejor. Para una visita de unos 7 días a Nueva York, cantidad de días que recomiendo -hay mucho que ver- es indispensable
contar con el New York Pass, que puede y debe adquirirse on-line, pues si se compra físicamente es bastante más caro, una vez se ha adquirido puedo recogerse fácilmente en el Planet Hollywood de Times Square, muy neoyorquino, como verán. Gracias a este New York Pass, una tarjeta con disposito electrónico, se tiene acceso gratuito a una lista interminable de sitios de interés -así como tours guiados- que son extraordinariamente caros - me quedo sin duda con la visita guiada a Wall Street- caros si se van visitando por separado sin este pase, tan caros que sería imposible visitarlos todos sin que ello supusiera la ruina del visitante. Gracias a
esta tarjeta se pueden visitar lugares obligados como Liberty Island -con la Estatua de la Libertad-, Ellis Island, con el magnífico Immigration Museum donde se da cuenta de numerosísimos testimonios y relatos escritos de tantos millones de inmigrantes que entraron a finales del siglo XIX y principios del XX procedentes de Europa, mayormente irlandeses, italianos, alemanes, holandeses, como de cualquier otro punto de Europa y por supuesto China, recordemos el fortísimo impacto de esta población en Estados Unidos. Otros lugares que deben visitarse son el Empire State Building, llegando hasta su planta 86, que no siendo la cúspide, permite vistas absolutamente inimaginables de toda la Isla de Manhattan. Yo recomendaría visitar el Empire State Building de día y visitar de noche la Top of the Rock, en el Rockefeller Center, otro rascacielos, en el que se aloja la cadena de televisión NBC. Ver los rascacielos, o Central Park, a vista de pájaro es tan atrayente de día como de noche, pero ver en el crepúsculo cómo se iluminan los rascacielos conforme se pierde la luz del día es realmente emocionante.

Times Square es un lugar de magnitudes casi sobrenaturales, a cualquier hora del día está auténticamente atestado de gente de todas partes del mundo, con sus tremendas pantallas de televisión que con una enorme luminosidad alegran todas las horas del día y hacen de la noche casi una extensión del día gracias a su potentísima iluminación procedente de decenas y decenas de inmensas pantallas publicitarias en las que se anuncia de casi todo, ejemplo perfecto de lo que es la economía capitalista norteamericana.

Pero venir a Nueva York y sólo visitar Manhattan es lo mismo que visitar Andalucía e ir sólo a Córdoba-Granada-Sevilla, para conocer la gran manzana hay que reservar por teléfono durante los días de estancia, también de forma gratuita con el New York Pass, un interminable número de Tours, entre los que recomiendo la visita guiada, y fuertemente protegida al Bronx, hacer una parada detenida en su estadio de baseball de los Yankees, conocer cómo viven los neoyorquinos que no tienen tanta fortuna de participar de la afluencia y fortuna de los residentes en Manhattan. Harlem es otro lugar obligado, en especial la zona más próxima a Central Park en su parte norte. En Harlem es muy aconsejable la visita a la catedral episcopal de San Juan el Divino -la iglesia catedral más grande del mundo, sin contar la Basílica de San Pedro en Roma-; esta
catedral, aún sin finalizar, de estilo gótico y, sorprendemente iniciada en su construcción a finales del siglo XIX, es un ejemplo del empeño humano por elevar catedrales en donde no las había, como ocurriese en la Edad Media principalmente. Esta catedral está entre las de mayor tamaño de todo el mundo, algo -lo de su tamaño- muy americano, pues esta gente gusta siempre de las cosas grandes, muy grandes. La Catedral de San Patricio, en la 5ª Avenida, justo detrás del Rockefeller Center, es otro lugar sin parangón posible. Resulta complicado de imaginar que entre tiendas de Versace, Dolce y Gabana, Rolex, Vuitton, etc. se pueda encontrar una catedral tan maravillosa por fuera como por dentro. Uno abandona el bullicio, la inmoralidad capitalista, de la 5ª Avenida y se adentra en la catedral comprobando que el silencio se hace allí de forma tan insospechada como maravillosa. Catalogaría de brillante, fantástica, formidable, la viva iluminación del interior de esta catedral. Un altar perfectamente iluminado y unas capillas radiantes detrás del altar mayor que, se lo prometo, son de lo más alegre, vivo, y perfectamente conservado que yo haya podido ver en mis viajes. La Catedral de San Pablo en Londres y esta Catedral de San Patricio en Nueva York son, sin duda alguna, ejemplos de que las iglesias también pueden ser lugares de vida, presente y futura, no
lugares lúgrubes, mortecinos y nostálgicos como, por desgracia, ocurre en muchos templos de Europa, España incluida. Además, reivindico, ya lo he hecho en ocasiones anteriores, la idea de que que los templos pueden servir para albergar el trabajo de ONGs, talleres de yoga, rehabilitación de toxicómanos, guarderías de padres trabajadores y, por supuesto, enclave fabuloso para música sacra o, de forma más general, clásica. Los templos son centros de fé pero también deberían ser centros polivalentes desde ese mismo prisma de la fé, eso son estas catedrales de Londres y Nueva York.

No pueden tampoco eludir una visita a Central Park, recomendaría seguir la línea C y llegar hasta Cathedral Parkway en metro, para descender todo Central Park a pie, en unas 2 horas bien aprovechadas se puede recorrer toda su extensión: piscinas, lagos naturales, lagos
artificiales, teatros, auditorios, canchas de tenis, campos de baseball, recorridos en bici, recorridos para practicar deporte, para que los padres puedan pasear con sus hijos, en definitiva un increíble pulmón verde lleno de fantásticas oportunidades para disfrutar de la naturaleza en una urbe inhumana y gigantesca como la de Manhattan. Les reconozco que recorrer Central Park es desalentador, baja el ánimo a un señor de 42 años, mantenido físicamente de forma medianeja, digo que desalenta porque por central Park se ve correr a chavales totalmente cachas, básicamente perfectos, especialmente de raza negra, ejemplo de lo bello y geométrico que puede llegar a ser el cuerpo geométrico, lo mismo puede decirse de las féminas, que lucen modelo deportivos sensacionales que están a la altura de su enorme preparación física.

Museos obligados son el Metropolitan, el Museo de Historia Natural y su Planetario -Rose Center-, el Guggenheim, Museo de Arte Moderno. También hay que visitar el complejo de Naciones Unidas, China Town, Little Italy, el Soho neoyorquino o la estación de tren Gran Central, de proporciones simplemente hollywoodienses, en donde uno no entiende cómo para hacer una estación de tren se puede erigir una cúpula cuya altura no se alcanza en la mayor parte de las catedrales mundiales, simplemente soberbio, difícil de explicar, tan difícil como de comprender cuando se visita esta impresionante estación de tren.

Yo sugeriría el mes de agosto para viajar a Nueva York, he oído muchos comentarios de amigos sugiriendo la primavera, pero para visitar esta ciudad hacen falta unos 6-7 días a buen seguro. Los posibles inconvenientes de Nueva York en agosto son su "humedad" y "calor", pero para jiennenses acostumbrados a los 38-40 grados con 15% de humedad, tener 28-29 grados con 60% de humedad, sinceramente, es fantástico y perfectamente soportable. Otra sugerencia sería chequear ofertas con tres compañías aéreas aliadas y que forman un mismo conglomerado, en realidad operan los mismos vuelos y es cuestión de ver cuál ofrece los precios económicos, hay diferencias muy sustanciales en el mismo vuelo si uno compra con una u otra compañía, las compañías son American Airlines, British Airways e Iberia, que las dos últimas sean dos empresas en una todos lo saben, su presidente es español, pero American Airlines firmó un convenio con ellas y operan conjuntamente. Busquen principalmente en American Airlines, suele ofrecer los precios más
competitivos y reserven sus vuelos con unos 6 meses de antelación, es la única manera de encontrar precios asequibles, eviten conexiones de vuelos en Boston, Pennsylvania, Philadelphia y un largo etcétera, perderán el segundo vuelo, les ofrecerán una compensación de hotel para la noche y comidas pero la cantidad de horas del viaje no compensa apenas 100-200 euros de ahorro. Las mejores combinaciones de vuelo siempre las encontrarán en skyscanner.com, una vez hayan detectado cuáles son las mejores opciones vayan a la web de la compañía en cuestión y reserven con ella, es lo más seguro y da la garantía de reservar con la compañía.

Otro consejo que doy y que animo a seguir encarecidamente es descargarse en el smartphone que con toda probabilidad ya tengan en su poder -Android o iPhone- distintas aplicaciones para el sistema de transporte en autobús y metro de la ciudad, ambos son muy convenientes y utilizándolos hábilmente se ahorrará tiempo y convertirán su viaje en algo mucho más fácil y agradable. Adquieran también una tarjeta de
metro-autobús de 7 días por 29 dólares, unos 20 euros, tendrán acceso ilimitado y por cuantas veces quieran a todos los autobuses y metros de la ciudad, algo indispensable para ahorrar costes. Si vuelan al aeropuerto John Fisheral Kennedy, lo más probable desde Barajas-Madrid, recuerden que los taxis por ley deben ofrecer una tarifa plana de 45 dólares hasta cualquier punto de Manhattan, más el peaje de cualquier puente o túnel que vaya de Queens a Manhattan,
que suele ser de unos 6 dólares más y paga el cliente, en total unos 51 dólares más, recuerden, unos 5 dólares de propina. Nueva York es ciudad de propinas, que oscilan, por costumbre, entre un 10%-20% del coste de la factura. Si ustedes salen sin pagar propina no descuiden, saldrán detrás de usted y les explicarán, que muchos de sus sueldos dependen casi exclusivamente de las propinas, si ustedes no les premian, ellos no comen, algo tan sencillo como esto, luego la propina para ellos no es una cortesía, sino una necesidad.

Otro consejillo de última hora sería ir los miércoles por la tarde-noche a la Sala Appollo de Harlem, por 10 dólares uno puede ver un fantástico espectáculo de jazz, soul, música negra en general, de jóvenes promesas, ahí empezó Michael Jackson y ahí siguen empezando promesas que algún día llegarán a algo, es una manera de escapar de los tipismos y ver algo verdaderamente genuino. Los street shows, los street perfomers, son otra opción magnífica de ver buen arte urbano en la calle, Nueva York, a buen seguro, les ofrecerán esto, con total seguridad.




2 comentarios:

  1. Miguel Ángel, esta vez te has lucido con un reportaje completísimo. Al leerlo, me has hecho revivir el estar en las calles de Nueva York.
    Estoy de acuerdo contigo en el buen carácter de la gente americana (por regla general). Y todavía más en localidades pequeñas y rurales.
    Por cierto, me alegra que al parecer no tuviérais problemas con el huracán "Irene", porque creo que su llegada coincidió con los últimos días de vuestra estancia.
    A ver si me animo y escribo alguna cosa de Grecia.

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  2. Felicidades por el artículo, repleto de información para el viajero. Muy de acuerdo con eso de "sólo vivimos una vez, de viajar se aprende mucho, se aprende a vivir, se vive en definitiva".
    Saludos

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