viernes, 3 de junio de 2011

Portugal: del monasterio de Batalha al de Alcobasa

por Fernando Mañueco Ordóñez

El monasterio más renombrado de Portugal es, sin duda, el de los Jerónimos. Se levanta altivo junto al Tajo, en Lisboa, a dos pasos del monumento a los descubridores y de la torre de Belén. Es una bellísima edificación, cargada de historia, que merece la pena visitar. Pero su gran fama no consigue eclipsar otros singulares monasterios que hay en el país vecino. Todos de enorme belleza.



También es muy conocido el monasterio de Batalla, o Batalha, cerca de Aljubarrota, con el que los portugueses convirtieron su alegría por la victoria contra España hace casi seis siglos en una sinfonía en piedra. La impresionante masa y el volumen de este monasterio -que realmente se llama Convento de Santa Maria da Vitória- son realmente sobrecogedores.

Una maravilla en piedra

Por fuera es espectacular, con sus artísticas ventanas, sus vidrieras, sus gruesos muros y sus poderosos contrafuertes. Con sus pináculos y con sus celosías primorosamente labradas en la blanda piedra de la zona. Con las numerosas esculturas de bella factura que adornan las arquivoltas del magnífico pórtico de entrada, entre las que hay reyes, santos, músicos, ángeles... todos ellos presididos por un Cristo coronado, flanqueado por los Evangelistas. Una maravilla.



Pero las mayores maravillas aguardan al visitante en el interior del edificio, sobre todo en el claustro principal, que realmente es sobrecogedor. La sala capitular, -con su magnífica bóveda, los nervios de la palmera de piedra que la soportan y sus trabajadas ventanas al claustro-, es toda una maravilla.


Armas dentro de Batalha

El juego de luces y sombras, la relación de volúmenes y los infinitos tonos de la piedra convierten al gran claustro de Batalha en uno de los más bonitos del mundo. Las filigranas que repujaron los antiguos canteros en los capiteles y en los adornos de los arcos elevan a este lugar a la categoría de milagro en piedra. Una piedra que, como los encajes de los visillos, filtran la luz y aumentan su belleza.


El monasterio alberga ahora la tumba al soldado desconocido, constantemente escoltado por un par de militares. Los cambios de guardia son muy llamativos, aunque no deja de chocar la presencia de armas y uniformes dentro de un recinto sagrado como éste.

Capillas imperfeitas

Las llamadas capelas imperfeitas o capillas inacabadas componen un lugar muy especial dentro del bellísimo monasterio de Batalha. Para los aficionados a la fotografía estas siete capillas que se cierran en semicírculo suponen la oportunidad de trabajar con luz natural, ya que falta el techo. Ese rincón del monasterio supone todo un lujo porque se puede elegir, a primera o última hora del día, la capilla que recibe mejor el sol o la que muestre mejor luz.



Monasterio de Alcobasa


Menos conocido pero igualmente espectacular es el monasterio cisterciense de Alcobasa, que comenzó a construirse hacia el año 1200. Se alza en una pequeña y bonita localidad del centro de Portugal, que se encuentra en la confluencia de los ríos Alcoa y Basa. Apenas un cuarto de hora de coche separa Alcobasa de Batalha. Y no muy lejos queda Lisboa, la cuna del fado y parada obligatoria para el viajero que recorra esa zona del corazón portugués. La iglesia del Alcobasa es impresionante en su sencillez. Su enorme tamaño llama la atención. De hecho es la mayor de Portugal.


El claustro del monasterio es una auténtica belleza, pero destacan también otros elementos que habitualmente no suelen verse en estos recintos, como el enorme dormitorio de los monjes o la espectacular y curiosa cocina, con sus altos techos, su enorme chimenea y sus preciosos azulejos. La escalera que da acceso al púlpito del refectorio, encastrada en la pared y enmarcada por arcos, es de una belleza inigualable.




Amor más allá de la muerte

Jerónimos, Batalha y Alcobasa son, sin duda, un gran trío de ases de la enorme riqueza cultural y monumental de Portugal. Además, Alcobasa encierra una curiosa historia de amor entre el Rey don Pedro I de Portugal y doña Inés de Castro, una dama de compañía de la Reina, doña Costanza. El rey coronó a su amante después de muerta y obligó a sus nobles a besar la mano descompuesta del cadáver. Una historia que, entre otros escritores, la ha recogido Camoens en Os Luisiadas. La iglesia alberga los bellísimos sepulcros de ambos. El Rey dispuso de esta forma su enterramiento, para que al llegar el día de la resurrección lo primero que viera fuera la cara de su amada.

Y muy cerca, la bonita localidad costera de Nazaré. Un precioso pueblo marinero que merece la pena conocer. De obligado cumplimiento es la visita al faro, en lo alto de un gran farallón, desde el que se puede disfrutar de una excelente panorámica del pueblo y de la costa.



Y no hace falta irse muy lejos para disfrutar de la rotunda belleza natural del Cabo da Roca, el punto más septentrional de Europa. Un lugar bonito como pocos.


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2 comentarios:

  1. Fernando, esta vez tengo que destacar, a la par, el text y las fotos. No he estado en estos monasterios de Portugal y sin duda alguna, me los apunto en i cuaderno de futuros viajes.

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  2. Hola he descubierto este blog en Flickr. Me gustó mucho lo que escribiste sobre Portugal.
    Saludos
    Etel Falcato

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