sábado, 5 de marzo de 2011

París en apenas cuatro días (short break)

por Miguel Ángel Arévalo Merino

El término short break viene a referirse a lo que los españoles definimos como "puente", que en buena parte de las ocasiones dejamos pasar por imposiciones de nuestros calendarios de trabajo y, por qué no admitirlo, por limitaciones económicas.
Esta vez todo fue bien fácil, un vuelo de Vueling encontrado de manera fortuita en el Aeropuerto de Ciudad Real, origen del conocido sketch de José Mota, y plantarse en París Roissy-Charles de Gaulle en dos horas con una puntualidad envidiable. Almorzar tranquilamente, muy de tarde, en casa a esos de las cuatro y saber que a las nueve de la noche se estará en París y sin prisas, es lo que tiene esto de la revolución de los medios de transporte.
Para una familia con dos hijos, adolescente y de pequeña edad, la visita a Eurodisney es obligada. Más que visita obligada puede decirse es que se va "de cabeza", aunque no "con cabeza", cosa diferente. Yo recomendaría plantearse esto de Eurodisney con habilidad, visitar el Parque Eurodisney propiamente dicho en un día, siempre en primer lugar de orden, dedicar
algunos días intermedios de visita a París y sus alrededores, y finalmente acabar en los Walt Disney Studios que, si queremos ser sinceros, están bastante bien, a mi gusto incluso mejor que Eurodisney. De Eurodisney no hablaré mucho, qué quieren que les diga, teniendo Portaventura
en España con buen clima asegurado y con unas atracciones interesantísimas quizás no haga falta venir a París, si no es porque uno venga a pasar debajo del Castillo de Blancanieves, que no entra en mis top 10 aspiraciones vitales inmediatas. En cambio, los Walt Disney Studios, aunque sean popularmente definidos como "hermano menor" de Eurodisney, merecen una mención aparte. Miren, el espectáculo Cinémagique, un híbrido escénico-audiovisual, es realmente brillante, poco habitual en este tipo de sitios. Son de esas cosas que resultan una auténtica lástima estando enclavados en el interior de un parque temático. No entraré en la trama del espectáculo, de 20 minutos de duración, pero resulta paradójico que un señor que pierde su equipaje en el aeropuerto y espera una llamada en el móvil que le informe de la aparición de esa maleta pueda recorrer los momentos más memorables de la historia del cine, y de qué manera: soberbio, magnífico, sin palabras, muy bien trabado, ejemplo de cómo el cine en 3-D puede que se haya convertido en un producto hortera de nuestros tiempos, aunque en el espectáculo jueguen con otra versión conocida como 4-D, también común en el London Eye de Londres.
No obstante, otros espectáculos y atracciones de los Walt Disney Studios son muy llamativos:
Crush's Coaster -montaña rusa endiablada y a oscuras para grandes y pequeños, aunque creo que ni para grandes ni pequeños, sale uno con los ojos haciendo chiribitas-, el espectáculo Moteurs en Acción, realmente espectacular, con conductores de coches y motoristas especializados en hacer posible lo imposible, con buena tratamiento televisivo de lo que ocurre en la pista, el Studio Tram Tour, un viaje a los efectos especiales, con propia experiencia, muy en primera persona de cómo se producen estos efectos especiales en un estudio. En Walt Disney Studios tienen ustedes también atracciones de esas que cortan la respiración, pero para un pobre hombre maduro y casi anciano como yo esas cosas ya sobrepasan lo imaginable. En definitiva, muchos de ustedes serán padres, visiten Eurodisney con sus hijos, el conjunto de los dos parques, y hagan realidad esta pequeña aspiración de los pequeños de la casa, muchos de ustedes son padres o lo serán y a veces claudicar es bueno y necesario.
Pero ahora entramos en el terreno de la libertad de los padres, en esa visita relámpago de un día y medio a París y de cómo aprovecharlo de la mejor manera. Les describiré de forma telegráfica la ruta que yo he elegido. Aparco vehículo en Parking de Notre Dame, lo que me permite salir directamente a la puerta principal de esta magnífico ejemplo de catedral gótica y medieval, una cosa sinónima de la otra. Aprovecharía, justo al salir de ese parking, para visitar la cripta arqueológica que salío a la luz con las excavaciones del parking en la década de los 60 -contiene restos celtas y romanos. Desde allí se hace el siguiente recorrido: se atraviesa una calle hasta llegar al Boulevard du Palais, en donde hay que hacer una vista obligada a la Santa Capilla, la iglesia más bella de París, con el permiso de la grandiosidad de Notre Dame. Se atraviesa el Pont de Notre Dame, se gira a la izquierda, ya por la orilla del Sena, descendiendo por la Quai de la Messagerie, Quai du Louvre, accediéndose al Louvre por la cara izquierda y dando en la plaza central que alberga la pirámida de cristal, y sus dos hermanas pequeñas, que no son sino la entrada principal del museo más grande del mundo. Sinceramente, si ustedes disfrutan del arte, aquí tienen para un día completo, las obras expuestas son soberbias e innumerables, pero el edificio que alberga el museo tiene una belleza totalmente indescriptible, el continente tiene poco que envidiarle al contenido. Tuvimos oportunidad de ver La Gioconda, por supuesto, algo decepcionante, pues cualquier obra del museo quizás excede a esta obra en belleza, perdonen el sacrilegio de mi afirmación, las Bodas de Caná, pintura de Paolo Veronese, no tiene nada, absolutamente nada, que envidiar a su compañera de cámara en el museo. Como quiera que al Louvre apenas pudimos dedicar dos horas, las prisas de tener hijos que se impacientan con el arte, aconsejo muy encarecidamente ir paseando desde El Louvre hasta Los Inválidos, atravesando calles como la
Rue de Bellechasse, en donde puede comprobarse cómo el bullicio de la vida callejera parisina transcurre en el más absoluto y sorprendente de los silencios. Un mediterráneo como yo no puede imaginar una ciudad en tiempo de comercio, repleta de gente, con tráfico, y en un silencio tan sepulcral, es conmovedor ver cómo esta gente ya tan cercana al norte de Europa puede hacer lo mismo que nosotros sin jarana alguna. Desde Los Inválidos es fácil llegar a la Escuela Militar, al Campo de Marte y finalmente a la Torre Eiffel, a cuya cúspide ya he subido dos veces y, siendo interesante, yo en cambio les recomendaría la vista dede la Plaza de Trocadero, que permite tener una panorámica mucho más global y amplia de la grandeza de este área ajardinada y monumental en torno al Sena. Huyan, en la medida de lo posible, de Montmartre, convertida en un parque temático torremolinense de la Francia casposa que tima al turista. Si acaso, asciendan al Sagrado Corazón, desde donde las vistas, ya lo saben, son estupendas. Otros sitios obligados son el Centro Pompidou, lugar de exposiciones que aúne la modernidad del edificio con expresiones de arte de lo más varguandista y, por supuesto, el Museo D'Orsey, apenas al otro lado del Sena justo al dejar el Louvre. Un viaje relajado por los Jardines de las Tullerías resulta también obligado.
Pero lo realmente espectacular del París moderno es una núeva área de desarrollo urbanístico
que ha sabido aunar la grandeza imperial francesa con el más severo urbanismo funcional. Hablo de La Défense, absolutamente desbordante, inenarrable. El arco de La Défense, en realidad es un arco cúbico, luego propiamente no es un arco, podría dar cabida en su interior a la Catedral de Notre Dame, con lo que podrán imaginar las dimensiones de este cubículo que, curiosamene, tiene un uso civil para distintos ministerios del gobierno francés. A su alrededor, toda una amalgama de rascacielos que bien pueden recordar los de Bruselas, Londres o algunasde las mayores ciudades norteamericanas, sinceramente espectacular.
Para visitar París todas las guías turísticas suelen aconsejar abril, yo me inclinaría más por mayo o junio como meses más propicios. En los cuatro días que pasamos en París, cosa extraña, no llovió, pero aunque salga el sol éste no es como nuestro sol. Es modesto, tímido, muy en el
horizonte, allá perdido, como ocurre en todas estas latitudes europeas nórdicas, hay sol pero como si no lo hubiera, casi. Las nubes pronto se apoderan de este débil sol, con la misma velocidad con la que vienen atravesando el Canal de la Mancha procedentes del húmedo atlántico, nubes difusas, poco nítidas, a veces confundidas con una especie de neblina a media altura que deja el cielo encapotado pero que deben de ser poco densas al dejar translucir un sol ya de por sí débil.
Junto con todas estas visitas obligadas, tampoco pueden olvidar Versalles, accesible por RAR -trenes de cercanías en la Île de France (zona metropolitana de París), aunque más cercana por coche. El Castillo-Palacio de Versalles sin duda
majestuoso, la misma majestuosidad que llevó a los franceses a rebelarse y constituirse en República, algo que siglos después sigue ocurriendo, ahora en los países árabes, la historia es cíclica, ésta no inventa nada que no esté ya descubierto.