miércoles, 26 de enero de 2011

Perú: El Valle Sagrado


Perú: El Valle Sagrado
Este artículo forma parte de una serie de capítulos sobre fotografía de viajes que se inicia con ocasión de la edición del primer número de la Revista Colodión, y que a modo de introducción, recoge mediante unas premisas básicas la pretensión de crear inquietudes y alicientes en el fotógrafo viajero, desde una perspectiva y visión personales, en la planificación y prioridades a la hora de proponerse una viaje de estas características.
En próximos capítulos se referirán fuentes de información y datos para iniciar el diseño de nuestro propio viaje.
Este viaje que da contenido a este Capítulo I a la zona del Valle Sagrado en Perú, contó excepcionalmente con una base de información y experiencias, a la que pudimos acceder el grupo de amigos que nos embarcamos en esta aventura fotográfica.
Perú, había sido visitado por grandes fotógrafos de nuestro país, algunos de ellos buscando la estela del fotógrafo peruano Martín Chambi (es el caso de Castro Prieto y Díaz Burgos), en su plasmación del mundo indígena y la cultura quechua. Nuestra amistad con el prestigioso fotógrafo de viajes y reportajes Juan Miguel Alba, nos abrió las puertas a una de las primeras premisas para viajar a un lugar y poder traer un trabajo fotográfico con garantías: el guía.

Perú: El Valle Sagrado
Eugenio Serna Saavedra, chófer-guía de Cuzco se constituyó en nuestra gran baza para los que no habíamos realizado antes un viaje de estas características. Su conocimiento de la zona y las costumbres y especialmente su predisposición a lo que desea captar el fotógrafo viajero, no en vano ha guiado a innumerables fotógrafos, fueron fundamentales. El mejor plan: hospedarse en su casa de Cuzco, en un lugar privilegiado, el barrio de San Blas. Con ello ganabas en logística y economía al mismo tiempo. Sus conversaciones sobre los orígenes del Perú, además de su dominio del quechua cuando nos adentramos en el Perú más rural de esa zona del Valle Sagrado, fueron otros de los grandes atractivos del viaje.

Perú: El Valle Sagrado

Visitar Machu Pichu era obligado, y el trayecto en tren (única manera de acceder al pueblo de Aguas Calientes) una delicia por lo que se puede divisar desde la ventanilla.
Machu Pichu es una maravilla arqueológica enmarcada en un entorno montañoso surcado por el río Urubamba, que sólo puede describirse como mágico.
En contrapartida hay que denunciar que todos los pueblos y aldeas de ese camino se encuentran completamente aislados, ante la total ausencia de infraestructuras de carreteras y el prohibitivo precio del billete de tren para los peruanos.

Perú: El Valle Sagrado

Adentrarse en el Perú rural es trasladarse casi a otro tiempo. Las condiciones de vida no son fáciles: la altitud, entre 3.000 y 4.000 metros, con los efectos del soroche en algunos casos, las carencias de servicios y el estado de las carreteras, son algunos inconvenientes con los que nos vamos a encontrar.

Perú: El Valle Sagrado


Pero si algo tiene Perú es el atractivo de sus gentes, especialmente por lo arraigado de las costumbres de las comunidades indígenas y que son la verdadera materia prima para confeccionar nuestra colección de imágenes.

Perú: El Valle Sagrado


El principal consejo que cabría dar es que procuremos ceñirnos a una zona concreta, sin pretender visitar todo el país, si no disponemos de mucho tiempo. En este viaje contamos únicamente entre 9 y 10 días, período algo escaso para un viaje al otro lado del charco, que exige por tanto de una buena planificación de nuestro itinerario diario antes de partir. Conversaciones previas con el guía contratado que nos permitan ajustar dicho itinerario de tal forma que los desplazamientos no nos generen tiempos muertos y que las visitas se circunscriban a lo que verdaderamente deseamos según nuestro gusto fotográfico, resulta fundamental.

Perú: El Valle Sagrado

Hay que tener en cuenta también la sensibilidad en determinadas circunstancias. Perú es un maravilloso país, con unos tremendos contrastes, sobre todo respecto de la gran ciudad a las zonas rurales, que provoca la gran injusticia de las condiciones de vida de muchos de sus ciudadanos. El sentimiento que esto nos puede producir no puede alejarse mucho a la culpabilidad que como “guiris” nos producen las constantes solicitudes de limosna, y eso es algo con lo que tenemos que enfrentarnos.

Perú: El Valle Sagrado

Por tanto, personalmente entiendo que sólo desde una buena organización y planificación, con información previa sobre el lugar o la zona que vamos a visitar, apoyada en un buen guía profesional adaptado a los requerimientos del fotógrafo, podemos concluir con éxito nuestro trabajo fotográfico de viajes con el resultado de un reportaje etnográfico, paisajístico o de otro género.

Autor:
Manuel Ruiz de Quero Delgado
Viaje realizado en 2007
Este reportaje se ha realizado con cámara Hasselblad Xpan, película TriX400 de Kodak revelada con D76, escaneada con Epson Perfection 4990 y tratada con PhotoShop.

lunes, 17 de enero de 2011

Las villas amuralladas de Ciudad Rodrigo y Almeida

por Fernando Mañueco Ordóñez



Una a cada lado de la frontera hispanoportuguesa, Ciudad Rodrigo es una población realmente espectacular, pero la hermosa Almeida no se queda atrás.

CIUDAD RODRIGO, en Salamanca, y ALMEIDA, al otro lado de la frontera, en Portugal, tienen en común varias cosas. Primero, su pasado como plazas fuertes defensivas en los tiempos en que los vecinos se miraban con recelo. Segundo, su carácter de ciudades amuralladas, a modo de cáscaras de nuez que esconden en su seno enormes bellezas monumentales. Y tercero, que en ambas se puede rodear prácticamente todo el caso urbano por el adarve de sus murallas. Un paseo muy recomendable en ambos casos.

Plazas amuralladas

El perímetro de la muralla de Ciudad Rodrigo supera los dos kilómetros. Cuenta con cinco puertas. A saber, la del Sol, la del Conde, la de Amayuelas, la de Santiago y la de Sancti Spiritus. No muy lejos, Aldea del Obispo cuenta con un recinto amurallado similar, con forma de estrella, como el de Almeida. También San Felices de los Gallegos conserva parte de sus fortificaciones.

La muralla medieval de Ciudad Rodrigo se conserva prácticamente intacta, con sus fosos, cañoneras, y algunos de sus cañones. Incluso se pueden apreciar todavía los impactos que provocó la artillería francesa en la torre de la catedral y en algunos otros edificios.

Resistencia heroica

En estos días se celebra el bicentenario del sitio que sufrió Ciudad Rodrigo por parte de Napoleón. Ciudad Rodrigo jugó una papel importante en todo el entramado de batallas, guerrillas y enfrentamientos que se produjeron entre 1807 y 1813. Las tropas napoleónicas finalmente tomaron la ciudad el 18 de julio de 1810 después de una heroica resistencia por parte de la población. Posteriormente Lord Welington volvió a recuperar la plaza en enero de 1812. Desde entonces, Wellington se convirtió en Duque de Ciudad Rodrigo.

El castillo y las tres columnas

El castillo del siglo XIV es ahora Parador de Turismo. Muy recomendable. Cerca del castillo se encuentra un antiguo verraco de origen vetón.

A la entrada de la ciudad, según se viene de Salamanca, se levantan tres columnas romanas que se han convertido en el símbolo de la ciudad. Era la antigua Miróbriga, por eso, el gentilicio de los nacidos en Ciudad Rodrigo es mirobricenses. También es un símbolo de la ciudad el farinato, un curioso y riquísimo embutido elaborado con miga de pan, grasa de cerdo, pimentón y especias.

La catedral y la plaza Mayor

La catedral es la joya de la ciudad, construida a caballo entre el románico y el gótico. Varias iglesias se diseminan por la población rivalizando en belleza con la propia catedral. Hace pocos días se ha reabierto la torre de la catedral. Ya se pueden subir de nuevo esos 138 peldaños que conducen a su cuerpo de campanas, desde donde se puede disfrutar de excelentes vista de la ciudad y su entorno.

Junto a la catedral se levanta la capilla de Cerralba, con la que compite en belleza. Ciudad Rodrigo cuenta, además, con un curioso Museo del Orinal, que se encuentra junto al edificio catedralicio.

La Plaza Mayor, con el ayuntamiento en un extremo, es el corazón de la ciudad. Destacan los palacios que se levantan aquí y allá en la almendra central de la villa. El palacio del Príncipe o de los Águila, con su patio porticado, el de los Castro, el de los Moctezuma, el de la Marquesa de Cartago... La portada de la Casa de la Cadena es simplemente espectacular.

El yacimiento arqueológico de Siega Verde

El yacimiento rupestre de Siega Verde ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad hace pocos meses. Se encuentra en la carretera que parte de Ciudad Rodrigo con dirección a Lumbrales, a 14 kilómetros de la primera. Una visita guiada de hora y media permite adentrarse en todas las bellezas paleolíticas que ofrece el lugar, pero atención, porque conviene concertar cita.

Y no muy lejos de ciudad Rodrigo, Salamanca, una visita indispensable. No puede olvidarse tampoco Ledesma, ni los cercanos Arribes del Duero o la Sierra de Francia.


Y al otro lado de la raya... Almeida

Portugal es un país muy bello, se mire por donde se mire. Desde la frontera con Galicia hasta las playas del Algarve, pasando por la deslumbrante Lisboa. Pero también en el interior hay paisajes y rincones maravillosos. En la comarca de Beira Baixa, la villa de Almeida ha pasado de manos castellanas a portuguesas, y viceversa, en numerosas ocasiones. Es lo que suele suceder con las poblaciones fronterizas.

Sus murallas y, en general todo el complejo defensivo, son realmente espectaculares. A vista de pájaro la fortificación de Almeida dibuja una estrella de múltiples puntas. En lo más alto de la villa, la iglesia y el depósito de agua. A lo largo de toda la población se suceden las calles con gran sabor popular y con una belleza deslumbrante. Y muy cerca las localidades de Castelo Bom y Castelo Mendo, que conservan todavía el regusto medieval.

Belmonte, cuna de navegantes

La ciudad portuguesa de Belmonte se levanta arracimada sobre una colina, a unos 90 kilómetros de Ciudad Rodrigo, un poco más allá de Guarda. Belmonte conserva una bella judería, con su sinagoga de 1297. Belmonte, una ciudad de 3.600 habitantes, es el hogar de aproximadamente 300 descendientes de judíos que sobrevivieron a la Inquisición practicando su religión en secreto. De hecho, es la única comunidad importante de estos "judíos secretos" que aún permanece en la Península Ibérica.

Hay un Belmonte en España, en Cuenca, que se adorna con un precioso castillo. En el Belmonte portugués también hay un castillo y bonitas iglesias y un rollo de justicia o picota que por aquellos lares se denomina pelourinho.

El castillo es una construcción del siglo XII en la que nació el navegante Pedro Álvares Cabral, que descubrió Brasil en el año 1500. Cabral llegó al litoral sur del actual estado de Bahia. Por cierto, que uno de los barrios más populares de Bahia se llama, precisamente, pelourinho.

miércoles, 12 de enero de 2011

Pinceladas de Cádiz.

por Eva María López

Desde luego que es una locura intentar conocer la preciosa capital gaditana en un solo día, pero para los que, al igual que yo, no dispongais de más tiempo para conocerla, os daré un pequeño recorrido por los lugares que visité, y que sin duda, no son todos los que hubiera querido ver, pero dado al escaso tiempo del que disponía y a que mi visita a Cádiz fue en un día festivo, no pude disfrutar de todos los encantos de esta ciudad, que me dejó un buen sabor de boca.

LLEGADA A CÁDIZ:
Entramos en Cádiz atravesando el puente Carranza, y tomamos la Avenida de Andalucía, hasta llegar a "Las Puertas de Tierra", como su nombre indica, fue durante muchos siglos, la única entrada que tenía la ciudad por el camino de tierra. Estas puertas se levantaron sobre un muro que en el s.XVII rodeaba Cádiz y la última reforma que la dejó con su aspecto de fortificación militar que puede verse actualmente, se realizó a mediados del s.XVIII.

Al pasar las Puertas de Tierra, tomamos dirección al casco antiguo; he de decir que todo se encuentra perfectamente señalizado. Lo que más dificil me resultó encontrar, fue aparcamiento. Al final, conseguí aparcar en lo que llaman "Baluarte de Candelaria" un lugar con unas maravillosas vistas al océano Atlántico.


BARRIO DE LA VIÑA:
Desde allí, y siempre contando con la ayuda de un callejero o un GPS, es obligada y cercana la visita al famoso "Teatro Falla", con la suerte que me acompaña, encontré la plaza en obras, aunque conseguí meter el objetivo de mi cámara a traves de las ballas de seguridad de la obra y hacer unas cuantas fotos, eso si, con ladrillos de por medio.


Recomiendo a todo el mundo, dejarse enredar en el laberinto de calles estrechas que componen el popular y carnavalero barrio de la Viña, con su olor a pescado frito y las charlas de sus vecinos con el peculiar acento gaditano. Los edificios más característicos de este barrio son las casas de vecinos, de vez en cuando se encuentra algún portalon abierto que hace darse de bruces con la realidad de este barrio, de gentes acogedoras con casas apuntaladas.

En la Viña se pueden visitar las iglesias de La Palma, La Pastora y San Lorenzo (visitas obligadas para los amantes de la Semana Santa).


EL CENTRO:
Las angostas calles viñeras nos llebarán hasta el centro de la ciudad. Allí pasaremos por la Plaza de la Libertad, con su mercado de abastos y la Plaza de las Flores, llena de puestos florales que le dan un colorido y un encanto especial a esta plaza que se encuentra a los pies del edificio de Correos. Desde aquí ya se empiezan a avistar desde las esquinas, las torres de la Catedral.


LA CATEDRAL :
En la plaza de la Catedral nos encontraremos un gran espacio abierto a la amplitud de la imponente fachada principal del templo catedralicio y a cuyos extremos se encuentran el Arco de la Rosa y la Iglesia de Santiago, en cuyo interior hay un magnífico retablo que merece la pena no perderse.


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Indispensable es la visita a la Catedral de Cádiz. Este impresionante edificio, conjuga los estilos arquitectónicos barroco y neoclásico; su primera piedra se puso en el año 1722 y sus diseño se inspira en la Catedral de Granada. Las obras se prolongaron hasta 1853, llegando a estar totalmente paradas en varias ocasiones por falta de presupuesto.

El templo catedralicio tiene planta de cruz latina con tres naves, una amplia girola y capillas laterales. La cripta ocupa el espacio de la cabecera del templo, y es de planta circular con boveda plana, en ella se abre varias dependencias donde está enterrado entre otros Manuel de Falla.

En unas dependencias anexas al templo, tiene su sede el Museo de la Catedral, que alberga gran cantidad de obras artísitcas. La que más me llamó la atencion, sin duda fue el Ecce-Homo, una talla a tamaño natural que presume de ser la primera obra reconocida de Luisa Roldan (La Roldana).

Evidentemente la visita a la Catedral no es gratuita, pero si entrais en horario de misa (como hice yo), os ahorrais pagar, además de que podreis disfrutar de la música del impresionante órgano de la catedral acompañado de un cantante solista, los domingos y festivos. Sin duda me hubiera pasado horas y horas allí metida fotografiando cada rincón de esta joya arquitectónica, con el hechizante acompañamiento de la música del órgano.






Saliendo de la Catedral, las terrazas de los bares de la plaza, tientan a tomar un buen café al solecito, y disfrutando de las preciosas vistas de la plaza. Tambien en este sitio, hay un souvenir muy coqueto en el que se pueden comprar recuerdos de la visita a Cádiz.


EL CAMPO DEL SUR Y LA CALETA
Buscando la cercanía del mar, nos encontramos la calle del Campo del Sur, que ofrece unas impresionantes vistas de la catedral con el mar al lado. Esta calle nos llevará a la entrada de la Playa de la Caleta y su Balneario de la Palma.

Justo antes de pisar la arena de la Caleta, encontré un precioso lugar conde se come estupendamente, sobre todo pescado de la zona (y las mejores tortillitas de camarones que he probado). La peña flamenca .... muy buen precio y servicio rápido, y una gente muy acogedora también organizan en este lugar espectáculos flamencos, si vuelvo por Cádiz en otra ocasión, no me lo perderé.

Una vez repuestas las fuerzas, visitamos el castillo de San Sebastián del s.XVIII, que está ubicado en una pequeña isla a la que se accdede por el Malecón de Paco Alba. Al pasar por el malecón, si es un día de viento, seguro que las olas nos salpican con su espuma, solo hay que tener cuidado de proteger el equipo fotográfico y al fin... "el agua no hace agujeros"...!



Siguiendo el recorrido de la Caleta, nos encontramos con el castillo de Santa Catalina, y dejando este a nuestra izquierda, nos encaminamos hacia la avenida Gómez Ulla, donde se encuentra el Parque Genovés con su impresionante jardín botánico.

Con esto concluye mi visita fugaz a Cádiz, aunque me prometí volver para seguir descubriendo sus rincones.

Por: Eva Mª López