miércoles, 13 de octubre de 2010

Extremadura, ese lado de España

por Miguel Ángel Arévalo Merino

Teniendo 41 años ya iba siendo hora de que conocidos tantos rincones de nuestro país aprovechásemos en familia un pequeño hueco en nuestra agenda para visitar Extremadura. En realidad, no contábamos con mucho tiempo, apenas tres días mal contados, tiempo suficiente para visitar Trujillo, Mérida y Cáceres, un orden de visita que no responde a ninguna lógica, pues lo razonable hubiera sido visitar primero Trujillo, luego Cáceres y finalmente Mérida.

Hice muy bien en decidir, de forma completamente personal, acceder a Extremadura no por Córdoba recorriendo la N-432 a su paso por Peñarroya-Pueblonuevo, camino natural desde
Jaén, sino hacer más bien uso de la magnífica red de autovías que tiene España: dicho y hecho. Si uno asciende por la A-4 hasta justo antes de llegar a Madridejos (Toledo) se observa cómo puede seguirse en autovía hasta Toledo y luego continuar hasta Cáceres, accediendo a Extremadura ya muy cerca de Trujillo. Calculen ustedes que el trayecto Linares-Trujillo se puede hacer en apenas 3 hrs 15 mins, con autovía de impresionante calidad y sin apenas tráfico, inmensas rectas manchegas que se pierden en el horizonte, con un asfalto de impecable calidad y que hace Extremadura muy accesible al resto de España. Olvídense en acceder a esta comunidad autónoma atravesando Córdoba, tendrán que recorrer casi 200 kms de carretera de doble sentido, peligrosa, con cambios de rasante constantes, curvas de poquísima visibilidad y conductores de complicada catalogación, un verdadero peligro que puede y debe ser evitado. Les digo esto de buena tinta, fue el recorrido que hice para regresar a Linares, nunca conocí Cerro Muriano -no hice el servicio militar- esta vez me tocó pasar por allí, primera y última vez, se lo aseguro.



Miren, les tengo que ser sinceros, Trujillo se puede visitar en apenas un par de horas. Lo más destacado es la Plaza Mayor, con su Palacio de la Conquista y la Casa del Peso, la Alcazaba que corona esa plaza desde muy alto. Visiten también el interior de la Iglesia de San Martín, en esa misma plaza, es un ejemplo de parroquia austera, muy extremeña y de una plástica que reside en su propia sencillez. Me quedo con una instantánea en el interior de esa parroquia: una familia, al término de la misa de tarde, se aproxima a una de las capillas laterales, todos los familiares visten ropas usuales, cotidianas, modestas, de diario. Son una familia cristiana, tan sólo son creyentes, eso es todo. El párroco, con alegría -como debe ser- abre la cancela que protege la capilla e invita a todos los familiares a aproximarse a la pila bautismal, el motivo es bien sencillo: es un bautizo. La criatura, de apenas un mes, es bautizada en un emotivo y rápido acto, eso es todo, no hay más, es un sacramento cristiano en el recogimiento de una familia, un acontecimiento en lo hondo de una familia; el resto, sobra, debemos tomar ejemplo de qué deben ser las cosas y de qué no deben ser, la humildad prodiga y favorece la virtud, la abundancia nos hace rayanos en el más insoportable de los absurdos.

Trujillo tiene un valor intrínseco: su importancia histórica, su valor turístico, deseo que con el paso de las décadas esta localidad trabaje a conciencia su sector hostelero y de restauración. Aquí en Jaén también tenemos ejemplos, demasiado cercanos, de enclaves turísticos que deben trabajarse desde la excelencia del trato al turista. Una ciudad no se sostiene tan sólo por tener edificios de los siglos XV, XVI, XVII, ese valor hay que realzarlo con esmero, constancia, inversión privada de los hosteleros y miras de futuro, no añado más.

Yo recomendaría que ustedes visitasen Trujillo de mañana, estimo que comenzando la visita a las once de la mañana y acabando a las dos de la tarde pueden tener más que suficiente, finalmente almuercen en su Plaza Mayor. Estén atentos, elijan bien el lugar donde almuerzan, es suficiente con esto que indico, ustedes son inteligentes y sabrán elegir.


Posteriormente, de forma poco lógica, producto de mi poco tiempo para preparar este viaje, eso está bien, no todo puede estar tan preparado, nos dirigimos a Mérida, pasando a Badajoz cuando lo razonable hubiese sido dirigirse a Cáceres, mucho más cercano. Mérida es, sin duda, el plato fuerte extremeño, con todos los respetos para Cáceres. París bien vale una misa, Mérida bien merece un día completo para su visita. Teatro, Anfiteatro, Circo Romano, Museo Nacional del Arte Romano -una verdadera joya- un magnífico edificio de nueva creación perfectamente diseñado, inteligente, hábil, bien planteado; Arco de Trajano, acueducto de los Milagros, acueducto de San Lorenzo -mejor conservado y restaurado-, Alcazaba, río Guadiana y su entorno, casa anfiteatro, Iglesia de Santa Eulalia, Morería, Casa Mitreo/Columbarios. Aconsejo que adquieran un tique de 12 euros que les permita la entrada conjunta a todos estos sitios, si ustedes pretenden visitar -y pagar- cada uno de estos sitios por separado les costará mucho más. Estos tiques los pueden adquirir en la entrada de cualquiera de estos sitios. No dejen de visitar los lugares mencionados, pero les destaco dos que, por insospechados, merece la pena visitar. En primer lugar, vean las ruinas romanas de Morería. Estas ruinas romanas, muy bien conservadas, iluminadas y señalizadas están al descubierto pero protegidas por un inmenso edificio ocupado por distintas Consejerías de la Junta de Extremadura. Es muy curioso, es buena idea, unas ruinas preservadas y a vista del visitante pero cubiertas por edificios públicos civiles, ejemplo éste de convivencia entre el presente y futuro con el pasado, respeto arqueológico y construcción actual, buen maridaje. No dejen tampoco de visitar los sótanos de la Iglesia de Santa Eulalia, al iniciar las obras para una mejor cimentación de este edificio descubrieron que bajo su suelo había unas ruinas romanas en toda la extensión de la propia iglesia, con necrópolis incluida. Verdaderamente merece la pena bajar al subsuelo de esta iglesia y ver cómo la Consejería de Cultura obrará finalmente de la misma manera que en Morería.


En los alrededores del complejo arqueológico tienen ustedes más que sobrados lugares para almorzar o cenar. Buen yantar, buena bebida, excelentes productos ibéricos y magníficos precios, recomiendo cualquiera de estos lugares, muy concurridos a cualquier hora del día.

Finalmente Cáceres. Apenas necesitan ustedes unas tres o cuatro horas para visitar su casco
antiguo. Lástima que en la noche anterior a nuestra visita, eso fue un diez de octubre, domingo tuviera lugar un magnífico espectáculo de luz y sonido en este soberbio enclave de piedra e historia, conocido el espectáculo como "Urban Screens", que muy bien me lo pronunció un simpático cura que iba cobrando las entradas -tan sólo 1 euro- para la Iglesia de San Francisco. No desaprovechen la oportunidad para subir a una de las dos torres de esta iglesia, podrán divisar perfectamente todo el casco turístico de Cáceres, así como poder disfrutar del silencio que da pensar que tan cerca se encuentran los campos a las afueras de la ciudad, en otro tiempo mucho más pequeña y recogida. Cáceres se ha convertido en una imponente urbe de modernas avenidas, muy equiparable a Valladolid, Salamanca o Segovia, por ejemplo; todas ellas como testimonio de que se puede avanzar hacia adelante siendo respetuoso con la historia del patrimonio histórico que uno mismo tiene. Me quedo con otra instantánea de Cáceres, el obispado de Coria-Cáceres (comparten diócesis, como la concatedral, que también es de Coria-Cáceres), tiene sus puertas abiertas, cualquiera puede entrar al obispado y visitar su biblioteca, por ejemplo, incluso husmear en las escaleras que dan acceso a la residencia del Sr. Obispo, muy bien señalizado. Quedé impresionado por la elegancia de los jovencísimos sacerdotes que ví en el obispado, gente pulcra, bien plantada, con sus alzacuellos, como manda la norma, muy al estilo del Código da Vinci. Me parece bien que la Iglesia abra sus puertas y que deje entrar en sus propiedades, quizás eso mismo les pudiese ayudar en estos difíciles
tiempos para ellos. Sólo acabo haciéndome una pregunta. ¿Por qué los sacerdotes suelen usar alzacuellos en provincias como Sevilla o Córdoba -al menos que me conste- y en cambio es tan complicado verles usar esa prenda de diario en Linares? Los carboneros, cuando los había en Linares, siempre iban tiznados de carbón, uno les conocía por lo que parecían, muy a su honra. Los camareros suelen llevar camisa blanca y libretilla en la mano para apuntar, los banqueros suelen llevar traje de chaqueta y corbata, por qué los sacerdotes aquí no usan alzacuellos, salvos honrosísimas excepciones, quizás pueda parecer una apreciación algo gremial, pero no deja de ser una apreciación.

Visiten Extremadura, dediquen al menos un par de días a los lugares que tan modestamente he mencionado y sigan mis pocos pero buenos consejos. Observen que he valorado lo que he visitado, aunque quizás tampoco me haya deshecho en alabanzas. Ya digo, vayan a Extremadura, vayan directos a lo realmente interesante, merece la pena.

1 comentario:

  1. Una estupenda relación del viaje a Extremadura, Miguel Ángel. Comparto contigo que dos días pueden ser suficientes para lo básico de esas tres ciudades, aunque por supuesto el conjunto de Extremadura bien valdría una visita más detenida.
    De las tres ciudades que citas me quedo con Cáceres, me pareció increíble que el estado de conservación de su casco antiguo, capaz de trasportarle a uno al medievo.

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