domingo, 26 de septiembre de 2010

Salamanca antigua

por Juan José López

Salamanca, ciudad patrimonio de la Humanidad, es una de las visitas más recomendables en cualquier ruta por Castilla-León.

Fantasmas en Salamanca

¿DÓNDE ALOJARSE? La ciudad cuenta con una buena infraestructura hotelera para todos los gustos y bolsillos. Recomendo el hotel Torre del Clavero, por su buena relación calidad-precio y por su ubicación en pleno centro histórico, a poca distancia tanto de la Plaza Mayor como de la Catedral, que permite hacer a pie toda la visita a la ciudad.

¿QUÉ VER? El primer paseo debería llevarnos a la Plaza Mayor, una obra de arte al aire libre, que se abre como auténtico corazón y epicentro de la ciudad. De inmediato surge la comparación con la Plaza Mayor de Madrid, a la que creo que supera en belleza y escenografía, aunque no en dimensiones. De todas formas, cuando la Plaza Mayor de Salamanca impresiona más es al caer la noche, cuando se enciende la iluminación y parece el gran escenario del teatro ciudadano.




El casco antiguo de Salamanca está espléndidamente conservado, y lleno de calles peatonales que hacen disfrutar más y mejor de sus monumentos. Es digno de alabanza el cuidado en la conservación de un patrimonio histórico único. Pasear por calles como la de la Compañía o de los Libreros es sumergirse en la Salamanca del Renacimiento, como un estudiante más de aquella Universidad de renombre universal.



La Catedral Vieja forma con la fachada de la Universidad y con la Plaza Mayor, el trío de joyas artísticas de la ciudad. La Catedral Vieja es una maravilla románica de rara pureza estilística. Sin duda, la construcción de la Catedral Nueva preservó a la Vieja de los añadidos posteriores tan típicos en otras catedrales, sin ir más lejos en la de Zamora.
En la Catedral Vieja hay que ver el altar mayor, el claustro y la exposición Ieronimus, sobre la historia y construcción de la catedral, que tiene como mayor aliciente poder subir al tejados y disfrutar de la vista de la Torre del Gallo y los tejados de la ciudad.




La Catedral Nueva, adosada a la Vieja, destaca sobre todo por sus dimensiones, aunque la comparación con la pureza y la ingenuidad de la Vieja parece que le quita algo de interés.



Si por algo viene siendo conocida Salamanca es por su Universidad, una de las más antiguas de Europa, en la que impartieron clase personajes como Fray Luis de León o Miguel de Unamuno.
El espacio de central de la zona universitaria es el Patio de las Escuelas, una pequeña plaza rectangular llena de sugestión y belleza. Allí se alza la maravilla de la fachada plateresca de la Universidad. Según la tradición, aquel que descubra la figura de una rana esculpida en la decoradísima fachada tendrá éxito en los estudios.



Al otro lado de la Plaza de las Escuelas, no hay que perderse la visita al patio de las Escuelas Menores, donde además se puede entrar a ver la pintura del Cielo de Salamanca de Fernando Gallego.

Siguiendo la calle Libreros se llega a la Casa de las Conchas, un viejo palacio plateresco que es otro de los emblemas de Salamaca. Justo enfrente está la majestuosa fachada barroca de la Clerecía, que alberga la Universidad Pontificia de Salamanca. La calle de la Compañía continúa con otros palacios y edificios antoiguos, como el también plateresco Palacio de Monterrey.




Otra visita imprescindible es el Convento de San Esteban, grande como una catedral, con una fachada esculpida que, orientada a poniente, parece encenderse con la luz dorada del sol de la tarde. En su interior, el claustro y el altar churrigueresco de la iglesia bien merecen una atención detenida.




Por último, recomendamos bajar hasta el punte romano sobre el río Tormes. A la entrada del puente, está la estatua de un verraco ibérico, al parecer el mismo al que se refiere el anónimo autor del Lazarillo de Tormes, en aquel pasaje en que Lázaro sale de la ciudad acompañando al ciego. Desde el puente se tiene la mejor vista panorámica de la ciudad y de sus catedrales, una estupenda imagen para recordar la visita a Salamanca.



viernes, 10 de septiembre de 2010

La Rosslyn Chapel y "El Código da Vinci"

por Juan José López


Rosslyn Chapel

Un lugar situado a un paso de Edimburgo, pero que los turistas apresurados no suele visitar, es la Rosslyn Chapel. Os puedo asegurar que visitarla vale la pena, al margen que os guste o no el libro "El código da Vinci". Lo digo porque la capilla se ha hecho famosa últimamente porque en ella se desarrolla la escena final del famoso libro de Dan Brown.

¿CÓMO LLEGAR? El pueblo de Rosslyn se encuentra a unos 15 kilómetros al sur de Edimburgo. Lo mejor es llegar en el autobús urbano 15, que en unos 40 minutos de agradable paseo por los Lothians te lleva a Rosslyn. Tras bajar del autobús junto a un restaurante, se anda unos 100 metros por un camino y se ve la empalizada de piedra que rodea la capilla.
Lamentablemente, la entrada es un poco cara, y además ya no se permite hacer fotos en el interior de la capilla (aunque sí en el jardín). Cuando yo estuve, en cambio, no había impedimento para hacer fotos, como podéis ver más abajo.



LA CAPILLA TEMPLARIA: Por fin luce la Capilla plenamente restaurada, después de algunos años en que su exterior estaba cubierto de andamios. Lo curioso es que sus muros de obra intacta, con ese color y esa textura que solo el paso de los siglos da a la piedra. Toda la iglesia está íntegramente construida, tallada más bien, en la piedra.




Entrar en la Capilla produce una sensación de asombro, casi de estupor. Miles de figuras -hombres, ángeles, estrellas, flores, demonios, vegetales, seres sobrenaturales- se muestran talladas en la piedra pura. Es como una sinfonía pétrea que resume el cosmos del hombre medieval. También hay tumbas de templarios, y complejos símbolos que sin duda han motivado que Dan Brown eligiera este lugar como final de su libro. Pero la fascinación de la Capilla, como obra de arte, hace que nos olvidemos pronto de su relació
n con El código da Vinci.



Como curiosidad, está la leyenda del Pilar del aprendiz, que cuenta como el maestro masón de la capilla no se atrevía a tallar el pilar sin haber visto antes el original que le servía como modelo, situado en Roma. Cuando volvió de su viaje, comprobó que su aprendiz había terminado el pilar por su cuenta, dándole una forma elíptica, y encolerizado por la furia y la envidia, lo mató con un mazo. Los personajes de esta historia aparecen tallados en un rincón.



Otra curiosidad es unas mazorcas de maíz talladas sobre una ventana, en una fecha anterior al descubrimiento de América, lo que ha despertado especulaciones sobre supuestos a viajes de los templarios al nuevo continente, anteriores a Colón.

Un personaje que se repite en la capilla es el llamado Green man, un hombrecillo monstruoso, con el cuerpo cubierto de motivos vegetales. Se ha interpretado como un símbolo precristiano de la fertilidad.



La cripta de la Capilla:



Por último, hay que destacar el entorno de la Rosslyn Chapel. Es un bellísimo paisaje verde, típicamente escocés, donde se junta la campiña, el bosque y un río escondido. Podéis seguir el camino junto al cementerio, que lleva a un pequeño castillo, de propiedad particular, encaramado sobre un barranco. Bajando liego por unos escalones de tierra, se llega hasta un río y un puente. Todo ello un lugar idílico para pasar un día, escapando del tráfago turístico de la gran ciudad.





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sábado, 4 de septiembre de 2010

El Algarve, un paraíso cercano

por Juan José López



Portugal, un país tan próximo y lejano a la vez, con tanto de desconocido que ofrecer al viajero español. Al entrar en el Algarve, se tiene la impresión de llegar a lugar parecido a España, pero con una idiosincrasia y un ritmo de vida distinto.

Será el paisaje, bastante verde incluso en verano; serán las colinas que se alzan vigilantes sobre la costa, la sucesión de playas, marismas y acantilados, los caseríos blancos de casas que conservan su arquitectura tradicional, incluso los resorts más impersonales y turísticos: todo ello recuerda bastante a España, en concreto a Andalucía.

Pero por otro lado hay un ritmo de vida más reposado, contemplativo, como de décadas atrás, que se percibe en los pueblos, en las ciudades más pequeñas y de interior. Por contra, las localidades más turísticas, como Portimão o Albufeira, tienen un ambiente internacional y cosmopolita. Pero la verdadera esencia del Algarve está en esos recónditos pueblos de pescadores, en esas chimeneas y detalles arquitectónicos únicos, en sus estupendas playas naturales, en sus miradores de rocas suspendidas sobre el mar. El Algarve es interesante por muchos motivos, pero por su naturaleza y su tipismo por encima de todo.




ORGANIZAR EL VIAJE

¿Qué ruta hacer? Propongo una ruta en torno a la autovía Infante de Sagres que recorre toda la región de este a oeste paralela a la costa. No cabe duda que el coche es el mejor -y casi el único- medio de visitar los lugares más interesantes de la región.

Las paradas imprescindibles serían, como podéis ver en el mapa, Tavira, Faro, Albufeira, Playa da Rocha, Silves, Lagos, Sagres y el Cabo de San Vicente. Pero más adelante hablaré de otros lugares, quizá menos conocidos pero igual de recomendables, o incluso más.


Ver Ruta por el Algarve en un mapa más grande

¿Cuánto tiempo para visitar el Algarve? Depende de la época del año, y sobre todo, si vais en verano, de lo que os apetezca estar "tirados" en la playa, sin moverse mucho para ver tantos lugares. Pero si queréis ver todo lo importante del Algarve, hacen falta entre 4 y 6 días, por lo menos.

¿Dónde alojarse? Mi recomendación es tomar un hotel o apartamento en la zona central del Algarve, como centro de operaciones, y moverse desde ahí hasta los distintos pueblos y playas. En todo caso, se puede reservar otro alojamiento adicional en la zona del Cabo de San Vicente, por estar más alejada, y desde ahí moverse hacia el norte para explorar la Costa Vicentina.

Propongo como alojamiento el Hotel São Sebastião, en un tranquilo pueblecito de interior llamado Boliqueime, bien situado a pocos kilómetros de la autovía y de Albufeira. El hotel no es una maravilla pero es moderno y está bien cuidado, sirven un desayuno aceptable, tiene fácil aparcamiento en la puerta y todo ello con una buena relación calidad-precio.



Aunque claro, si queréis estar junto a la playa, habrá que buscar otra cosa, sabiendo de antemano que los precios serán más altos.

Un segundo alojamiento, por la localidad de Sagres, puede ser la Casa Azul, una especie de bed & breakfast, con bastante encanto, que puede servir como punto de partida para moverse por el oeste del Algarve.


EL ALGARVE ORIENTAL

Sin duda esta parte del Algarve es la más parecida a Andalucía - casi parece una prolongación de Huelva -, la que tiene las mejores playas arenosas y con la temperatura del mar más agradable. Pero no solo son interesantes sus playas, sino también sus pueblos marineros.

Nada más pasar la frontera, se encuentra el desvío a Castro Marim y Vilarreal de Santo Antonio. Merece la pena detenerse para echar un vistazo al castillo árabe del primero, y al entramado de calles en damero del segundo, según un urbanismo del siglo XVIII. Sobre todo recomiendo hacer una parada en la Praça do Marqués de Pombal, epicentro de este pueblo de frontera, para almorzar en una de sus terrazas o tomarse un buen cafe, según la hora.



Pero merece más atención y detenimiento Tavira, uno de los pueblos más bellos del Algarve. Tiene un bello caserío de calles de aspecto colonial, divididas a los dos lados del río Gilão, que atraviesa un puente de origen romano. En la parte más alta del pueblo, hay que visitar la Iglesia de Santa María do Castelo y el Alcázar árabe, que está ocupado en su interior por un romántico jardín.





En los alrededores de Tavira hay playas estupendas, que harán las delicias de cualquier viajero en verano. Al este está la playa de Manta Rota, siempre con muchos visitantes españoles.
Al oeste se extiende la larga lengua de arena que es la Isla de Tavira, que se interpone entre el pueblo y el mar abierto. Se puede llegar en barco desde Tavira, o mejor todavía, en un tren turístico que, por un euro, os llevará desde Pedras d'el Rei hasta la Praia do Barril, un verdadero paraíso de arena fina y mar azul. Por cierto, en los restaurantes de esta playa se come un excelente bacalao portugués, a un precio razonable.





Una última parada en esta parte oriental del Algarve sería Olhão, uno de las localidades que mejor conserva la esencia marinera tradicional, como podréis comprobar si os dais un paseo por la parte antigua, situada junto al puerto. Al anochecer está muy animada la Lonja del pescado, un buen lugar para cenar o tomarse una cerveza.





EL ALGARVE CENTRAL

El tramo de la costa entre Faro y Lagos es el más concurrido y turístico. Aunque sus playas no son malas, ni mucho menos, están bastante explotadas y carecen del encanto de la Isla de Tavira o las fabulosas playas de la Costa Vicentina.

En cualquier caso, hay que visitar sus ciudades y otros lugares que no nos defraudrarán. En primer lugar Faro, la capital histórica del Algarve (aunque no la turística), una ciudad recogida y con un casco antiguo que conserva bastante interés, con unas calles de sabor antiguo y monumentos importantes. El más llamativo de todos es la Sé (Catedral), con un aspecto de fortaleza románica, con algún sepulcro interesante en su interior y sobre todo con su torre, desde la que se divisan unas vistas espléndidas de la ciudad, el puerto y las marismas de la Ría Formosa.




Una iglesia mucho menos conocida, y sin duda mucho más bonita y artística, la podréis encontrar en Almancil, un pueblo a unos pocos kilómetros al oeste de Faro. Es la iglesia de São Lorenço, con un exterior sencillo pero elegante, que no hace presagiar la profusión barroca del interior, decorado con azulejos tradicionales que nos cuentan la vida del santo que murió en una parrilla. Una auténtica joya del barroco, es sin duda uno de los monumentos más espectaculares del Algarve.



Si os gusta este estilo artístico, podéis acercaros también al Palacio de Estói, al norte de Faro, actualmente convertido en una Pousada de Portugal.

La siguiente parada es Albufeira, y esta sí que es la capital turística. Se trata de una pequeña ciudad con un urbanismo desconcertante, de origen musulmán, pero que hoy en día has sido invadida más bien por los británicos. Su Playa de los Pescadores y sus callejuelas bien valen una visita, aunque el verdadero tirón de la ciudad sea su animación nocturna y sus pubs que, incluso, me llegaron a recordar a Ibiza.



El desarrollo turístico es aún más patente en Quarteira y Vilamoura. Se podría decir que el puerto deportivo de Vilamoura, y los campos de golf de los alrededores, son la parte más lujosa y exclusiva del Algarve, el mejor lugar para los amantes del turismo de qualité, pero el peor para los que busquen naturaleza y autenticidad.



Más al oeste, Portimão es el otro gran centro del turismo masivo y de la "marcha". Merece la pena, en verano, acercarse a la famosa Praia da Rocha, que cierra la ciudad por el sur. Es una playa inmensa, en su primer tramo, y que luego se recorta en pequeñas calas y desfiladeros, que hacen que parezca que uno no está en la ciudad. Allí podéis ver pequeñas cuevas, oradadas en la roca, con arcos y ventanas naturales abiertas al cielo, a los que solo se puede acceder cuando baja la marea.




Un lugar más recóndito, por estar casi oculto, rodeado por urbanizaciones modernas, es la ermita y la playa de Nuestra Señora da Rocha (no confundir con la Playa de Rocha de Portimão). Se encuentra al oeste de Armação de Pera. La ermita, casi una versión portuguesa de las iglesias de Santorini, se encuentra sobre un espolón de roca alzado sobre el mar, dividiendo la playa en dos. Es recomendable aparcar el coche junto a la ermita y bajar andando a la playa oriental, mientras que a la occidental solo podréis acceder a pie por un túnel oradado en la roca.
Os aseguro que en estas playas podréis pasar un día muy agradable, en un paraje idílico.




Por último, en esta parte central del Algarve, destacaré dos pueblos de interior, que justifican sobradamente este desvío de la ruta principal. El primero es Silves, un pueblo de origen musulmán, sobre una colina rodeada de campos de naranjos y limoneros. Lo más interesante es el Castelo árabe, que aunque está bastante reformada ofrece un buen paseo sobre sus murallas.



El otro es Alte, un pueblo minúsculo pero bellísimo, con rincones pintorescos que haraán las delicias de los amantes de la fotografía. A la salida de Alte se pueden visitar dos manatiales, la fuente pequeña y la fuente grande, que son oasis de sombra y de frescura en verano.





EL ALGARVE OCCIDENTAL

Lagos es la ciudad más importante de la zona, y en mi opinión, la que conserva más encanto y personalidad en sus calles, de todo el Algarve. Lo interesante es la parte antigua, intramuros. Desde la Praça Luis de Camoes hasta el Fuerte da Ponta da Bandeira, se puede deambular por unas callejuelas llenas de rincones típicos y bellas perspectivas urbanas, jalonadas por interesantes iglesias como la Igreja de Santa María o la de Santo Antonio.




Ya he dicho que en Algarve el interés reside en sus pueblos, pero aún más en sus parajes naturales. Esa impresión se tiene al dirigirse desde lagos a la Ponta de Piedade, un paraje espectacular que se encuentra a muy poco distancia de Lagos. Solo hay que coger la salida sur hacia Sagres y seguir hasta que se llega a un faro. Una vez allí, tras aparcar el coche, se puede elegir varios senderos que exploran los paisajes sobre el mar de la Ponta da Piedade. Es una auténtica maravilla ver esas rocas que se alzan como torres y arcos de catedrales, sobre un mar turquesa y azul de color intensísimo. Bajando unas escaleras, hasta el nivel del agua, se puede contratar un paseo en barca para disfrutar mejor esta maravilla natural. Otra opción es acercarse a alguna de las excelentes playas de los alrededores.



Y es que, al dirigirnos al oeste, hacia el finis terrae vicentino, el punto más suroccidental de Europa, el paisaje se vuelve más agreste, la costa más abrupta y el clima más fresco y ventoso, todo ello ganando una espectacularidad natural abrumadora.

Sagres es la última localidad antes del Cabo de San Vicente, y bien merece una visita por la Fortaleza de Sagres, que ocupa una punta rocosa sobre la costa, que impresionantes vistas panorámicas de los alrededores. Algo parecido nos ofrece el propio cabo vicentino, encaramado sobre el mar a más de 70 metros de altura. Casi todos los días de año, incluso en plano verano, el viento azota salvajemente este paraje, haciendo que baje drásticamente la temperatura del aire y del agua.




¿Hemos llegado al final de la ruta? Afortunadamente no, porque todavía nos queda la parte más desconocida, y una de las más bellas de la región: la Costa Vicentina. Se trata de un parque natural que ocupa el tramo de litoral que va del Cabo de San Vicente hacia el norte, hasta el límite con la región de Alentejo.

En pocos lugares de Europa, como en las playas de la Costa Vicentina, se tiene tal impresión de estar lejos de todo, rodeado solo de naturaleza, en una costa todavía virgen e inexplotada, todavía desconocida por el turismo masivo. La razón puede estar en sus aguas frías y azotadas por los vientos, que invitan poco al baño, aunque muy apreciadas por los surfistas.

Para no alargar mucho más esta descripción de la ruta, me centraré en dos lugares impresionantes. En primer lugar, la Praia de Arrifana, un precioso arco de arena abierto al poniente. Si tenéis la oportunidad, no os perdáis el atardecer desde la altura de la punta de Arrifana, a muchos metros sobre la playa, junto a unas ruinas. Si estáis allí a esa hora, nunca olvidareis la impresión del sol metiéndose en el mar y la luz cayendo sobre los inmensos acantilados azotados por el mar.




Por último, la Praia de Monte Clerigo, situada cerca de Aljezur. Es una playa más abierta, rodeada de suaves colinas y con un pintoresco grupo de casas que aprecen desafiar a los elementos. Es lo más parecido que he visto en Europa a las playas californianas del Big Sur. Las olas llegan a la playa rompiendo desde centenares de metros mar adentro, inundando la arena y formando grandes charcos salpicados de lenguas de tierra. Incluso en pleno verano, disfrutaréis allí de una tranquilidad mágica, de una comunión con los elementos y el paisaje que es difícil de explicar. Qué mejor para saberlo que ir y vivirlo.





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